Desde hace ya mucho tiempo, que mi corazón se congelo, y en esta noche donde mis ojos no ven más allá de unos pocos metros tras la lúgubre oscuridad, recuerdos que pensé perdidos vienen a mi mente, historias de amor y sueños de infancia.
Esas historias maravillosas que vivimos de niño, y las cuales dejamos atrás después de unos cuantos años, recuerdo una en especial, dice algo así, en una de esas tardes lluviosas, donde parece que el agua desciende de todos lados, y hasta parece que llueve, de la tierra a las nubes, ese día en particular tras las gotas de lluvia, se podía ver una puerta en el centro del patio de mi casa, nada mas eso ,una puerta de madera de esas de antaño, aparentemente de roble, aunque a esa edad para mí era una puerta vieja, pase unas cuantas horas observándola desde la ventana de mi habitación, y entonces, me decidí a ir a ver esa puerta de cerca, me abrigue como dirían de pies a cabeza, y armado con una espada de madera hecha de un palo de una escoba vieja, me he puesto en camino hacia el patio trasero, ya que en la entrada estaba mamá, la centinela que no me dejaría pasar, a paso sigiloso y lentamente, me acerque a la puerta misteriosa a unos pocos metro de ella los peligros se manifestaron, una bestia peluda, rabiosa, descasaba frente a la puerta, ¿cómo haré?, pensé en ese momento, el miedo se apropio de mí, pero pensé, esta bestia gigante, es como un perro que le dieron vitaminas, un perro grande, nada más, recordé que a digby, mi perro, le gustaba jugar a traer la vara, entonces se me ocurrió, cuando este cerca le lanzare mi espada tan lejos como para que pueda cruzar la puerta y así fue, deje el paso sigiloso esperando que se despierte la bestia, cuando lo hizo, me arme de valor y lance la espada con todas mis fuerzas, lejos, tan lejos, que la perdí de vista y con ella a la bestia.
Lo logre, estoy a un par de pasos de saber que hay tras de ella y en ese momento al tocar la manecilla, Juan, ¡despierta! , ya es hora de cenar.