Los días se alargan, los ocasos grises invaden mi vida,
entre balbuceos extraños en lenguas extrañas te diviso en mi mente, me mí.
Y de repente el entorno cambia, y todo cambia, y otra vez
cambia, el clima en mi habitación se vuelve salvaje, fieras me asechan al pie
de la cama, con gran temor las veo a los ojos, y en el horizonte descubro ejércitos
de naciones que alzan en vos de guerra, y la serpiente a mi lado me seduce, mis
sentimientos atónitos se despiertan entre disparos, gritos, lamentos y suplicas
de ayuda, confuso por no saber que pasa ¡corro! Lejos, tropiezo, y la oscuridad
inunda todo.
Abro los ojos, y estoy en otro mundo, ni mi habitación, ni
el paraje de guerra, ahora rodeado de montañas bajo un cielo que desea llorar,
y pasa todo sin sentido de nuevo, las aves que se alzaron en vuelo caen muertas
sin causa alguna, las nubes se incendian y las lágrimas del cielo destruyen
todo en si camino hasta terminar en las entrañas del mundo.
Y un resplandor de oscuridad apago el planeta, y a la
distancia una luz, una luz latente, que me llama y seduce, camino, y camino
hacia ella, y de repente el suelo desaparece y caigo, y mientras caigo en mi
cuerpo siento disparos, y mientras caigo mis huesos se rompen, y mientras caigo
mi piel se incendia, y caigo, mi cuerpo aturdido no se mueve, no responde, el
silencio domina, todo en paz, una corriente fría de aire envuelve mi cuerpo,
una presencia familiar me obliga a abrir los ojos, y te encuentro a mi lado, te
abraso, te beso y vuelvo a dormir.
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