La funesta idea del suicidio
Recorre tenazmente
Uno a uno los pasillos de mi mente
Le veo, me veo, sonrió
Con la oscuridad profunda en mis ojos.
La soledad que vehemente
A mis más bajas pasiones;
Me abraza, con su gélido
Y estrepitoso amor.
Mientras la luna nefasta
Extiende su plateado manto
Sobre mis escarlatas y,
Lúgubres idilios.
La muerte; sollozante y
Atónita de placer,
Me deja besar su desapacible
Y frígida mano, sellando así
Mi sobrecogedor
sueño.

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